Los Bardos.
Los Bardos.

Los Bardos.

!Ay si los bardos hablaran! Hablarían de pitas, de magué, de silgueras, de retamas con sus flores blancas en estas fechas que, en otro tiempo, hacían la delicia de mi madre cuando después de coger los espárragos, a la vuelta del colegio, siempre se llevaba una rama para ponerla de adorno en la mesa del comedor. También hablarían de vallados de tunas que, llegado el verano, se llenaban de higos chumbos; mi padre y mi hermano también se llenaban de púas al intentar coger el postre para la comida.

Todo cambia y todo evoluciona con el paso de los tiempos. Si desde los huertos miramos estos bardos a lo lejos, vemos que todavía conservan ese porte de su invariable existencia, en cambio, si miramos los que tenemos más cerca, vemos una transformación digamos un tanto drástica, y no por ello menos hermosa. Son los bardos que están reconvirtiendo nuestros compañeros hortelanos llenándolos de caléndulas, romeros, geranios, plantas crasas, aromáticas… bardos que están siendo una delicia para la vista de los que pasamos el rato disfrutando de la actividad diaria en los navazos del Dique.
¡Gracias a todos ellos por dedicar parte de su tiempo a este menester!

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